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La poetisa Dulce María Loynaz (1902-1997) acaba de morir en La Habana, Cuba, en la vieja casona del Vedado junto a sus recuerdos y sus fieles perros, pasión por los canes que la acompañó toda la vida. La Loynaz dejará para siempre su nombre inscripto en las antologías de las letras hispánicas, porque su obra así lo amerita.

La Loynaz cultivó con maestría y un respeto casi tierno por el idioma, los géneros de Ensayo, epistolario, prosa, periodismo y poesía otorgándoles la categoría de sublimes Sin embargo muchos de sus textos permanecen inéditos. Su exceso de pudor literario y el estatus de crítica de si misma que siempre adoptó la confiaron en un retraimiento que más que el anonimato provocara mayor interés. No fue de las que frecuentaran los círculos literarios, ni apegadas a las modas o al "lucimiento" de los famosos, pero la gloria llega a quién la merece, no a quién la busca.

Dulce María Loynaz, modesta como pocos esperó pacientemente por el reconocimiento que llegó en 1992 con el Premio Cervantes, que otorga la Real Academia de la Lengua Española por el conjunto de una obra, pero la relación con sus contemporáneos fue amplia y por lo mismo riquísima: Lorca, Juan Ramón Jiménez, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbouru. Gabriela Mistral, fueron algunos de sus eternas "compañías" desde las páginas de sus libros, o hasta la relación personal de aquellos fértiles años de juventud.

Abandonó la poesía a los 50 años, " porque a esa edad hay que escribir de cosas distintas";pero ya para entonces había escrito lo suficiente para hacer historia. Amor, pasión, ética marcada por una profunda religiosidad, pérdidas, recuerdos y profunda cubanía hay en la obra de La loynaz, una mujer frágil que mantuvo en los últimos años una relación cercana con la muerte y las sombras. Según sus propias palabras lo único que hacía últimamente era esperar y los aprendices de poetas podían visitarla a las cinco, donde ella los recibía, apretando su bastón por la cabeza tallada de un perro que hacía de puño. Así más que esperar, Dulce María hacía esperar al tiempo.

ALGUNAS DE SUS OBRAS
Versos (1938)
Poemas sin nombre (1953)
Ultimos días de una casa (poesía)
Un verano en Tenerife (crónicas periodísticas)
Jardín(novela)

 

Desde 1984 Dulce María Loynaz fue directora de la Academia Cubana de la Lengua.
1987 Premio Nacional de Literatura
1988 Orden Felix Varela de Primer Grado
1992 Premio Miguel de Cervantess

 

 

Copyright © 1997 MINISTERIO DE CULTURA. Todos los derechos reservados.

 

 

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